Pucallpa es la ciudad más grande de la Amazonía peruana y nos ofrece una variedad de lugares para conocer. Si viajas a la Tierra Colorada, de hecho, visitarás estos sitios, ya que, durante mis más de cinco años de estar radicando en esta ciudad, puedo asegurarlos que lo que mostraré a continuación, son los lugares más visitados; habitualmente, es una obligación conocerlos.
Aquí podrás descargar más de cien (100) fotos en alta resolución de la plataforma Flickr. Bueno, ahora les dejo a sus anchas, no sin antes recordarles, que, ante cualquier duda, me lo hacen saber a través de sus comentarios. Vamos con este Top 10:
1.   Laguna de Yarinacocha – Puerto Callao
Se ubica en el distrito del mismo nombre, a sólo quince minutos en auto del centro de Pucallpa. Es el atractivo turístico más visitado de toda la región Ucayali, propicio para la práctica de deportes acuáticos y paseos en bote.
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Laguna de Yarinacocha (Pucallpa - Perú)

2.   Río Ucayali – Puerto Grau
Es uno de los principales ríos del Perú, siendo uno de los formadores del Amazonas. Se puede apreciar a este con total comodidad desde el Puerto o Malecón Grau de Pucallpa, a sólo cuatro cuadras de la plaza de Armas.
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Río Ucayali (Perú)
3.   Plaza del Reloj Público – Puerto Grau
Es la primera Plaza de Armas que tuvo la ciudad de Pucallpa. Destacan sus estatuas y árboles podados, pero principalmente, un gran reloj en forma de torre de 25 metros de altura, que hace las veces de faro para las embarcaciones.
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Plaza del Reloj Público – Puerto Grau
4.   Parque Natural de Pucallpa (Zoológico)
Ubicado en la margen sur de la ciudad, a la altura del kilómetro cuatro de la avenida Centenario. Es un centro turístico natural, donde se exhiben todo tipo de animales regionales: felinos, aves, monos, reptiles, peces, etc.
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Parque Natural de Pucallpa (Zoológico)
Con un obelisco en medio, es la central, localizada en el corazón de Pucallpa, distrito de Callería. Allí está ubicada la Municipalidad, la Catedral Inmaculada y comercios de variada índole.
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Plaza de Armas de Pucallpa (Ucayali - Perú)
6.   Catedral de Pucallpa
La Catedral de Pucallpa o Catedral de la Inmaculada Concepción, bautizada por algunos como la Catedral de Ucayali, es la catedral más importante del departamento, situada en la misma plaza de Armas.
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Catedral de Pucallpa (Ucayali - Perú)
7.   Plaza de Armas de Yarinacocha
Ubicada en el distrito del mismo nombre, a apenas dos cuadras de la laguna. A diferencia de la plaza de Armas de Pucallpa, ésta cuenta con muchas más áreas verdes, con árboles cuidadosamente podados y coloridas flores.
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Plaza de Armas de Yarinacocha (Ucayali - Perú)
8.   Jungla Ecolodge
Es un recreo turístico-zoológico algo más pequeño que el Parque Natural de Pucallpa. Para llegar a este bello lugar, debes cruzar en bote al otro lado de la laguna de Yarinacocha. También viven en cautiverio buen número de animales amazónicos.
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Zoológico Jungla Ecolodge (Pucallpa - Perú)
9.   Boulevard Tacna
Comprende cuatro calles, partiendo desde la plaza de Armas de Pucallpa y acabando en el malecón Grau. Hay piletas, bancas en forma de botes y cabañas, y por las noches es iluminado con luces llamativas.
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Boulevard Tacna (Pucallpa - Perú)
10.  Cascada Velo de la Novia
Y por último tenemos a una hermosa caída de agua, que aunque no se localiza en la propia Pucallpa, sí está considerada como un destino importante para los turistas que visitan la ciudad. El Velo de la Novia está a pocos kilómetros de la Tierra Colorada, exactamente en el Boquerón de Padre Abad, muy cerca al pueblo de Aguaytía. ¿Te atreverías a sumergirte en sus frías aguas?
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Cascada Velo de la Novia (Ucayali - Perú)
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Ya eran casi las cuatro de la tarde. Frente al Banco de la Nación, a media cuadra de la plaza de Armas de Pucallpa, pegado sobre un poste de luz, encontré una segunda alternativa de empleo. Sólo había andado cincuenta metros, y ahí estaba: “Gane hasta 400 nuevos soles semanales”. Otro letrero, claro. Y, en caracteres reducidos, continuaba debajo, indicando el nombre del empleador y el número de móvil para contactarse. Lo agregué en la agenda de mi celular. Lo primordial —pensé— antes de asegurarme con un trabajo, debía hacerlo con un techo. Contaba con dos opciones de lo primero. Me empeñaría en buscar otra más, y, paralelamente, mientras caminara por las calles, mi objetivo sería localizar un ambiente para establecerme, uno definitivo. Partí a Pucallpa con esa convicción. Así me dije. Y de lo que estuve caminando a ritmo acompasado, aceleré el paso y agucé la vista hacia cada muro, poste, puerta y fachada que se cruzase ante mí.
ÁREAS VERDES EN LA PLAZA DE ARMAS DE PUCALLPA (UCAYALI - PERÚ). Fecha de la toma: 13-04-2014
Otra vez, estuve en la plaza, pero sólo en una esquina. Doblé a la izquierda y avancé por el jirón Sucre. La tarde se había vuelto más nublada. Al parecer no brillaría el sol hasta el día siguiente, siempre y cuando las nubes se esfumaran del cielo y toda amenaza de tormenta se trasladara hacia otra ciudad o pueblo.
Dos cuadras, a poco de llegar a una esquina, leí una inscripción sobre un triplay asido a un portón de metal: “SE ALQUILA HABITACIONES”. Sin más, toqué con una moneda para provocar más ruido. Dos minutos y no había respuesta. Insistí. Nada. Cuando ya estaba por seguir mi camino, una anciana con más arrugas que un guindón mojado, abrió para atenderme. Me dijo que tenía cuartos desde S/. 200.00. Le pregunté que “por si acaso tenía uno de 100 o 150 soles”. Me respondió con un rotundo “No”. Y soltando un sutil “Gracias”, me retiré.
Anduve —siempre con el mapa en mano—, girando en la mayoría de las esquinas, pero tratando de mantenerme en el perímetro del centro de la ciudad. Las habitaciones en alquiler que encontraba no se acomodaban a mi presupuesto. Debía de gastar al mínimo y ahorrar al máximo. Las otras alternativas de empleo con que me topé, ya casi a la cinco de la tarde, fueron similares a la última: En una prometían el mismo sueldo y la otra era para trabajar promocionando la marca Perú. Volví a apuntar los números de teléfono. Al día siguiente me ocuparía de asistir a las entrevistas. Por ahora, mi más grande preocupación era instalarme en una habitación acorde a mi bolsillo. Me bastaba con tener una cama y un techo en donde pasar las noches. Me rehusé a contar con cualquier tipo de lujo o vanidad. Alejarme del centro era tal vez la mejor opción; y esperaba no hacerlo demasiado, porque no me sentiría tan seguro. Ser víctima de un asalto se había convertido en mi peor temor.
ATARDECER EN LA PLAZA DE ARMAS DE PUCALLPA (UCAYALI - PERÚ). Fecha de la toma: 01-12-2013
Crucé de nuevo la plaza de Armas. Me detuve un rato a pensar entre la intersección del jirón Independencia con Tarapacá. Pronto oscurecería. Algunos postes de la calle ya estaban encendidos. Hospedarme en un hotel descendería mi presupuesto sobremanera. “Tiene que haber uno barato. Un cuarto simple”, me dije y reanudé mi marcha. Sólo avancé dos cuadras y volví a detenerme en una esquina cerca de un tacho de basura. Sentí hambre otra vez, pero no revolví en el interior de mi mochila porque vi a un ambulante en la vereda de en frente. Le compré dos papas rellenas untadas con un poco de mayonesa. Las devoré al vuelo y eché los grasientos papeles que la envolvían en el tacho. Eso fue en el jirón Inmaculada cruce con la primera cuadra de Independencia. Seguí, y la calle pasó de llamarse Independencia a jirón Adolfo Morey. Oscureció rápidamente, pues en los días nublados era claro que eso sucediera. Pregunté a muchos transeúntes dónde alquilaban cuarto a bajo precio. “Sigue andando joven. Más ‘allacito’ hay. A la vueltita, ‘batería’’”, me decían. Por la calle por donde iba, giraba a la derecha y luego retrocedía; otra vez en la misma, giraba a la izquierda y hacía lo mismo. Aparte de eso, di la vuelta como a cuatro manzanas. Ninguna “casa quinta” me convenció para poder establecerme en ella. Corrían más de las siete de la noche. Justo a las 7:15 p.m., aunque no recuerdo muy bien, pregunté a una señora sentada afuera de su vivienda “dónde podría haber habitaciones económicas”. La mujer apuntó a una casa que estaba a sólo dos más allá de la de ella. “Ahí”, me dijo. “Siempre hay cuartos vacíos”. Le agradecí y, a pasos estirados, me dirigí al sitio indicado.
CALLE DE PUCALLPA, UCAYALI - PERÚ. Fecha de la toma: 11-11-2012
El piso de la entrada era completamente de cemento. En medio, rodeado por un cerco de ladrillos, el tallo de un almendro se erguía hasta la altura del techo de la casa, formando así una copa abierta que hacía de sombra en la mayoría de la zona. Dos puertas permitían el ingreso. La de la izquierda, estaba entreabierta y escuché el televisor prendido y gente que conversaba detrás. La de la derecha, estaba cerrada y casi en penumbras. Pude notar que un angosto pasillo se extendía hasta acabar en lo que parecía ser un pequeño patio. No había indicios de gente o tal vez en ese momento no pude escuchar a nadie por ese lado, porque al volumen del televisor lo pusieron muy alto y eso opacaba cualquier sonido en las cercanías. Era evidente que la puerta con el pasillo detrás la utilizaban los inquilinos para entrar a sus habitaciones al fondo, de modo que tenía que tocar la de la izquierda, en donde, de hecho, vivían los propietarios.
Tras escuchar que bajaban el volumen, un señor, de cincuenta años más o menos, abrió la ventana de vidrio de al lado. Me vio y preguntó qué deseaba. Lo saludé e hice saber mi necesidad en voz alta. Pidió que esperase un momento. Abrió la puerta y detrás venía la que parecía ser su esposa. No me había equivocado. En efecto era su esposa, puesto que luego de revelarme que había habitaciones disponibles, escuché que le llamaba de “amor”. Dejé que hicieran lo suyo, porque desde que me dijeron el precio, ciento veinte nuevos soles, acepté que me mostraran el ambiente. Mientras ingresamos, prendieron las luces; hasta que pasamos por el patio y observé entre cuatro y cinco cuartos a la izquierda, en los que, obviamente, había inquilinos viviendo en éstos; los focos encendidos, el sonido de televisores o radios, y las voces que se oían dentro, fueron prueba irrefutable de ello. Más al fondo hubo dos servicios higiénicos y dos lavatorios. Otro pasillo, también estrecho, seguía hasta el final de la quinta. Una de las puertas de una habitación estaba abierta y dentro un joven merendaba mientras veía televisión. Me observó fugazmente. Los propietarios no se pararon hasta llegar a las últimas dos habitaciones, una frente a otra. “Puedes usar este”, dijo la señora, abriendo con una llave la puerta de la derecha. “El pago es por adelantado. Un mes”, aclaró. Tuvo el dinero en sus manos en menos de lo que canta un gallo. Quiso saber por el resto de mis cosas. Algo avergonzado, le dije que lo que veía en mis hombros consistía la totalidad de mi equipaje. Les expliqué que no se preocuparan por recibir la mensualidad de forma puntual; “ya desde mañana empezaría a trabajar en un local del centro”, les miré a ambos a los ojos para abrir la confianza, “el año que viene pienso viajar a Brasil”, hasta me atreví a acotar.
INTERSECCIONES DE CALLES EN PUCALLPA, UCAYALI - PERÚ. Fecha de la toma: 08-11-2012
Así es como terminé instalándome en la quinta de la señora Julia y el señor Tercero. Seis metros cuadrados serían desde ese momento mi nuevo hábitat. Un camastro, una mesa y una silla era todo lo que yacía en esa pequeña habitación del fondo. “Qué más podría pedir”. Con eso me bastaba, por ahora. El hecho de compartir los servicios higiénicos no me gustaba mucho, pero también tendría que acostumbrarme a eso. Llevarme bien con todos los vecinos se había convertido en mi nuevo reto. Desde ya, la señora Julia y el señor Tercero sabían que procedía de Tarapoto, la Ciudad de las Palmeras. Parecían buenas personas. Notaron mi necesidad, así que llamaron a un tal Daniel, otro de sus inquilinos, que resultó ser el mismo joven que vi al pasar por el corredor. Conversaron entre oídos mientras el quien escribe se quitaba las zapatillas para ponerse las sandalias. Después, el tipo se presentó y me invitó a comer lo que cocinó en su habitación. La edad de Daniel quizá era igual que la mía. Jamás se lo pregunté, pero sí sobre su ciudad de origen y a qué se dedicaba. Dijo ser de Iquitos y que su trabajo se basaba en cultivar plantas tropicales en un vivero. No supe dónde aprendió a cocinar tan bien. El tacu-tacu, que ávidamente engullí, estuvo delicioso, así como la avena Quaker que bebí entre soplidos. Primer día en Pucallpa, y ya me invitaban a comer. Buenos samaritanos siempre habrá.
CALLE EN PUCALLPA, UCAYALI - PERÚ. Fecha de la toma: 08-11-2012
Tras darme una revitalizante ducha, me puse a conversar con mis padres y amigos de Tarapoto por celular. A eso de las once de la noche, me sentí cansado, los párpados me vencían, no dejándome más elección que echarme a dormir. Mi lecho, algo duro, fue terapéutico para mi espalda. No contaba con almohadas ni cobijas, sólo una sábana cubría mi rígido colchón. Con eso me conformé. ¿Qué más se podría desear con una habitación de S/. 4.00 al día? Dependía ya de mí proveerme de todas las comodidades posibles que cabrían en un espacio tan reducido como éste. ¿Hasta cuándo viviría en esta quinta? No lo sabía. ¿Qué riesgos corría al vivir en un lugar así? Tampoco lo sabía. Lo iría descubriendo con el pasar del tiempo. Y por razones de respeto que aún tengo hacia los propietarios, no develaré la dirección de la casa. Las fotos de las calles (de la 3° a la 5°) que ven entre párrafos son meramente referenciales. En ninguna muestro dicha vivienda, aunque ésta se encuentra por allí cerca. Más adelante, en un post especial, explicaré sobre los pros y los contras de arrendar un cuarto de bajo precio. Una nueva experiencia estaría por empezar. Cerré los ojos; hice un flashback mental de lo ocurrido desde mi llegada a Pucallpa hasta quedarme dormido, lo que tardó muy poco… Y de esta manera finalizó aquel 14 de Setiembre del 2012. El primer día del resto de mi vida.
FIN
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Y con esto concluyo la historia sobre mi llegada a Pucallpa. Lo que ocurrió a continuación lo iré narrando a modo de anécdota en los siguientes posts. De la Tierra Colorada, así como de la Ciudad de las Palmeras, Tarapoto, hay mucho que contar. Es para tomarse varios minutos al día en rememorar y posteriormente relatar los sucesos. Ocho mil palabras recién fueron suficientes para que UN DÍA, UN SOLO DÍA, pueda ser narrado decentemente. Sin embargo, las publicaciones que leerán de ahora en adelante, más que narrativas, serán explicativas y de consulta, de carácter informativo y/o referencial, en lo principal, para la gente extranjera en busca de explorar sitios nuevos o para mis propios compatriotas fervorosos de conocer más su país; asimismo, ya cuando traspase las fronteras de mi nación, este blog le será útil o de ayuda a todo aquel que comparta el mismo espíritu aventurero que éste, su fiel servidor. Dedicado, además, a todos los que tengan sed de querer saber más, los que se esfuerzan por descubrir la verdad o el origen de algún hecho o fenómeno, o, tal vez, simplemente, es para esos cibernautas que ambicionen el alimento del conocimiento.
Únete a las aventuras de Me Escapé de Casa. Sé parte de este blog. Yo, Jorge El Caminante, estaré dispuesto a responder sus dudas en lo que me sea posible. Y no se olviden que “el mundo se conoce mejor caminando”. ¡Sí amigos y amigas! ¡Llena tu mochila y rompe la rutina! ¡Sal a conocer el mundo! ¡Escápense de casa!
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Los arbustos que más se pueden apreciar en el malecón Grau de Pucallpa, son los ficus, aparte de algunas flores rojas de estambres largos, muy comunes en los jardines de las ciudades de la selva peruana. A un principio no me percaté de la estatua que yacía a mi izquierda, pues estaba distraído observando las lanchas zarpar de las orillas del Ucayali. La escultura, una sirena de facciones que obedecían al genotipo indígena, reposaba sobre una tarima de concreto. En esa época aún no la habían pintado. Sobre su regazo, descansaban un jarrón (tinaja) y un cuenco. Ahora sé —un letrero lo indica— que está prohibido acercase demasiado a la estatua. Tuve suerte que no me llamaran la atención en el momento que me tomé la foto en cuestión. Así que, por favor, no hagan lo que tuve el atrevimiento de hacer. Y cabe detallar, que las fotos que pueden ver en estos posts no pertenecen a la fecha en que ocurrieron estos acontecimientos; dado que, cuando llegué a Pucallpa, por razones explicadas con anterioridad, dentro del pobre contenido de mi mochila, apenas tenía un par de mudas de ropa, y menos todavía tendría una cámara, artilugio que compraría tras radicar unos días en la Tierra Colorada, fruto del trabajo que no tardaría en conseguir.
ESTATUA DE SIRENA EN EL MALECÓN GRAU DE PUCALLPA. Fecha de las tomas: 11-11-2012 (izq.), 24-11-2012 (der.)
De pronto, como si el telón de un teatro se corriera para dar inicio a una obra, unos tenues rayos solares iluminaron el puerto Grau, tras pasar por un resquicio entre las grises nubes de la fresca tarde. A lo lejos, cuadra y media a mi derecha, a cien o ciento cincuenta metros de la estatua del héroe, se erguía un reloj público de veinticinco metros de altura. Las personas y los arbustos bloquearon mi vista los primeros tres minutos de mi estadía en el puerto. No advertí que esta elevada estructura se alzaba casi al otro extremo del malecón, y es que tal vez porque al mirarla de soslayo, la había confundido con un edificio o árbol, incluso podría haberla fusionado con el mar de cabezas o la variopinta mercadería de los ambulantes. Desconocía la importancia de este reloj. Luego supe que el malecón Grau es la primera Plaza de Armas que tuvo la ciudad de Pucallpa, por ende, en 1951, año en que se culminó su construcción, ésta fue bautizada con el nombre de “Plaza del Reloj Público”.
El Reloj Público es una obra maestra de artistas regionales, que consta de ocho pisos con imágenes retocadas en cada lado (treinta y dos en total) y un reloj en las cuatro caras de la cima. Debajo, hay una especie de garita y, sobre y alrededor de ésta, una plataforma a modo de mirador. Se localiza en el mismo Jirón 9 de diciembre a unos pasos de cruzarse con la última cuadra del Jirón Ucayali. Esta torre está decorada con vitriales, que representan a personajes míticos de la selva y las costumbres ancestrales de los Shipibos, tal y como viene a ser el caso del ritual de la "Ayahuasca". Sin embargo, algunos de estos dibujos se han suelto de sus marcos a causa de las inclemencias del tiempo. Durante la noche es bello verlos, ya que, tanto los vitrales como los cuatro relojes, son iluminados por fluorescentes desde su interior, haciendo, de esta forma, las veces de faro para las embarcaciones. Antaño —según averigüé— esta “torre del reloj” era realmente un faro, coronado con la peculiar lámpara guía. A menos que seas personal de la Municipalidad Provincial de Coronel Portillo, les anticipo que no se puede subir a la cima, pues no colocaron escalera (salvo la de mano) ni nada parecido. Además, sería prácticamente imposible para los visitantes ascender, porque la torre no es lo bastante ancha para que quepan personas, ni, aunque instalaran una escalera tipo caracol. A mi parecer, sería incómodo y riesgoso.
RELOJ PÚBLICO EN EL MALECÓN GRAU DE PUCALLPA. Fecha de la toma: inicios 2014
Lo que no tardé en fijarme, a los pocos minutos de estar recorriendo el puerto, fue en las mujeres shipibas que vendían sus artesanías al paso. Las había por dondequiera, al derecho y al revés, unas sentadas en las bancas de la plazuela y otras de pie o andando por las veredas. Caminaba, y en frente se acercaba una, giraba detrás, venía una más con el brazo estirado sacudiendo la “merca”. Venían quien sabe de dónde, todas con un único destino: Vender sus collares, pulseras, llaveros o cuanta chuchería agitaran delante de la gente. “¡Pulseritas de huairuro, jovencito!” “¡Llaveritos de aguaje, amiguito!”coreaban. Sus principales presas son los turistas. Ni que yo lo fuera. ¿O tal vez sí…? ¿Tan foráneos parecían mis rasgos? Ni que fuera un gringo explorador. ¡Si soy el típico joven de la selva peruana! Mestizo. Y con orgullo. Bueno. Será quizás porque marchaba medio desorientado y con una mochila (aunque no repleta) sobre mis laxas espaldas.
Tras sortear media docena de ambulantes shipibas, me aproximé al reloj público, pero no tanto como para alzar demasiado la cabeza. Descansé, apoyándome en la baranda de una pileta. Quería darme mi tiempo. Apenas cumpliría la media hora de haber llegado a Pucallpa. Y, en ese momento, mientras echaba un vistazo al río Ucayali, sonó mi celular. Número desconocido. Mis padres, no creí que fueran. A ellos los tenía en la lista de contactos, y antes de partir de Tingo María, les dije que los llamaría una vez arribara a la Tierra Colorada, cosa que aún no hacía. Lo primero que se me vino a la mente es que pudiera ser un familiar o un amigo a quien mis padres podría haber dado mi número, ya que no pocos indagaban sobre mi paradero desde que desaparecí de Tarapoto. “Aló” contesté. “¿Con quién hablo?”. En seguida, una inconfundible voz pronunció mi sobrenombre. Era Artime Gonzáles, más conocido como el “Chino Artime”, mi primo político. El mismo que hace años había contraído matrimonio con mi prima hermana Bertha Luz, y vivía con ella y sus dos hijas, en Yurimaguas, una pequeña ciudad al Sur del Departamento de Loreto.
LANCHAS EN EL PUERTO GRAU DE PUCALLPA (RÍO UCAYALI). Fecha de la toma: 11-11-2012
“Al fin abriste tus alas” —me dijo Chino. “Claro. Debí hacerlo hace mucho” —respondí, y claramente recuerdo que en ese instante bajaba unas gradas del malecón hacia la zona donde no estaba encementada. Una larga charla se desató inmediatamente. Ambos no teníamos pelos en la lengua. Lo interesante es que con Chino se podía conversar de cualquier tema, pero, durante ese casi cuarto de hora, recibí mayormente consejos y escuché dos o tres anécdotas, interviniendo a intervalos con opiniones y preguntas. Luego de colgar, supe que debería llamar a mis padres para darles confirmación de mi arribo a Pucallpa. Timbré al número fijo de casa. Mi madre contestó al segundo, como si estuviera esperando mi llamada, sentada a un costado del teléfono. Le di la respectiva “señal de humo”, término muy común en Perú para designar a mensajes o llamadas cortas. Ya no me comuniqué al móvil de mi padre, porque mi madre dijo que lo pondría al corriente. Y eso fue todo. Me quedaría en Pucallpa. No sabía cuántos días estaría en la Tierra Colorada. Semanas, meses, ¿cuánto…? No lo sabía… Han pasado más de cinco años.
Dejó de estar soleado. Caminé hacia el Reloj Público, y al fin pude verlo a detalle. Estuve parado frente a éste con la cabeza levantada, hasta que me empezó a dolerme la nuca, por lo que me vi forzado a terminar mi meticulosa observación. En el ínterin, unos fotógrafos, identificados con chalecos de la municipalidad, me ofrecieron sus servicios para sacarme una instantánea. Me negué a todos. El efectivo escaseaba y no podría darme el lujo de gastar más de la cuenta hasta conseguir un empleo seguro. En ese momento, mientras veía a un niño siendo fotografiado montado sobre un caballito de madera, recordé nada menos que a mi hermano disfrazado de Barney en vísperas de la Navidad del 2008. Pues, en esas fechas, Juan Luis, mi único hermano, y quien escribe, tuvimos la excéntrica idea de probar suerte con la cámara de papá, y ver si ganábamos unos soles con los críos que aguardaban para tomarse una foto al lado del carismático dinosaurio. Todas las noches, antes, e incluso después de Navidad, la plaza de Armas de Tarapoto se convirtió en nuestra zona de trabajo. Juanito, en el interior del disfraz, comenzaba a bailar de la forma más ridícula que se le ocurría. Y la verdad es que no hacía mucho esfuerzo, pues él, no era precisamente un experto en la pista de baile, ¡y vaya que sus dos pies izquierdos un tormento siempre han sido! Entretanto, yo, con la cámara del viejo en mano, y tragándome cuanta risa podía para aparentar seriedad, acribillaba de flashes a los niños acompañados de Juanito, el risueño dinosaurio morado. Al fin de todo, nuestro esfuerzo acabó siendo compensado. Ambos, cada uno por su lado, pasamos una grandiosa, por no decir juerguera, bienvenida de Año Nuevo, con el dinero recaudado de la venta de fotografías. Una gran fortuna para los dos en esa época. Nunca había visto sudar tanto a mi hermano.
Zarandeé la cabeza y volví al presente. Era hora de retirarme de la Plaza del Reloj Público. Retrocedería sobre mis pasos, y así lo hice sin más miramientos. Me dirigí de nuevo al jirón Tacna, la calle por donde llegué al malecón Grau. Di un último vistazo a las lanchas del puerto y apreté el paso. Sabía a donde iba.
ESQUINA DEL JIRÓN TACNA CON LA AVENIDA SAN MARTÍN (PUCALLPA). Fecha de la toma: 08-11-2012
Caminé a grandes zancadas. Luego de salvado tres cuadras, en una esquina, cruce del mencionado jirón con la avenida San Martín, me paré a corroborar lo que había leído en un letrero pegado en la pared, a un lado de la puerta de entrada de un local. Sí, en efecto, decía justamente eso: “SE NECESITA DIGITADOR(A)”. Sin pensarlo dos veces, me acerqué al local, que por cierto permanecía abierto de par en par, y pregunté por el anuncio a la persona que se ubicaba más próxima a la puerta. Un señor de cara redonda y como de cincuenta años de edad, sentado frente a su computadora, digitaba usando sólo los dedos medios. Estaba tan concentrado en su labor, que me vi obligado a reiterar mi pregunta. “Buenas. Vengo por el anuncio” —subí el volumen de la voz. El hombre, ni bien volteó a verme, alzó sus pobladas cejas, para, a las justas, hacerse escuchar con un tono grave y bajo al mismo tiempo: “A ella” —dijo, señalando con el pulgar a su derecha. Busqué con la mirada a quien se refería. Detrás de un grupo de gente que esperaba ser atendida por otros digitadores, una señora de cabello corto y contextura ancha —al parecer más ancha que alta— yacía tumbada en una pequeña mecedora donde apenas cabía su obesa humanidad. Hizo ademán de levantarse, pero, como vio que ingresaba al abarrotado local, siguió con el trasero encajado entre los fierros de la mecedora, así que solamente se limitó a estirar el brazo para balancear una arrugada mano a manera de llamado. “¡Sí, sí…! ¡Pasa, hijo! Pasa. ¿Quieres chambear?” —dijo en timbre zalamero. “Buenas tardes, señito” —saludé. “Claro. Necesito trabajo” —confirmé. —“¿En qué consiste?”. La rolliza mujer emprendió una acelerada cháchara de mercachifle. En resumen, me explicó que “ganaría porcentaje”, para ser exacto el 50% de lo que producía en un día de trabajo, y el otro 50% tendría que quedarse con ella. El material, es decir, los equipos y papelería me la proporcionaría durante las horas que laborara. Todo me lo daría. Sólo tenía que trabajar duro y parejo para ganarme más monedas. Le prometí que regresaría al día siguiente para empezar desde temprano. Su nombre, María, me lo hizo saber después de casi terminada la conversación; en seguida, también se lo hice saber el mío. Solicité su número de teléfono y me apuntó su fijo en un trozo de papel. Sentí miradas de reojo de los digitadores durante los minutos que estuve dentro del local y en el momento que me retiraba de éste.
VEREDA DEL JIRÓN TACNA (PUCALLPA - UCAYALI). Fecha de la toma: 08-11-2012
Antes de alejarme de esa esquina, volteé a leer el panel publicitario sobre la entrada del local. “Multiservicios Tiffany”, decía. ¿Volvería a este lugar? ¿Sería aquí mi nuevo centro de trabajo? ¿Sería el nuevo empleado de la regordeta de la mecedora? Aún no lo decidía. Primero tendría que buscar otras opciones. Seguí caminando, pero sin prisas.

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Anduve solo tres cuadras por la Avenida Sáenz Peña. Cambié de idea. En lugar de dar media vuelta, giré a la derecha, ingresando a la Avenida Tarapacá. Era obvio que, si seguía en dirección suroeste, de todas formas, llegaría a la plaza de Armas de Pucallpa. Dos estaciones de combustible, una en cada esquina, fue lo primero con lo que me topé. Siguiendo, por el margen derecho, vi el local del Rotary Club “Lions International”. Continuando, había (hay) regular número de talleres de motocicletas y motocarros, tiendas de repuestos de vehículos, y restaurantes, chifas en su mayoría, también establecimientos de venta de caldo de gallina, que, a esas horas, apenas brindaban atención al público.
OBELISCO EN LA PLAZA DE ARMAS DE PUCALLPA. Fecha de la toma: 08-11-2012
Crucé a través de los jirones Zavala (la calle de los caldos), Salaverry (la calle de los chifas), Progreso, Libertad y, por último, el jirón Independencia. Pero antes de atravesar la calzada, pese a que el semáforo indicaba el paso de los peatones, me detuve al borde de la vereda a contemplar, por primera vez, la Plaza Céntrica de Pucallpa.
La Plaza de Armas de Pucallpa está situada entre las intersecciones del jirón Independencia y la avenida Tarapacá, por el Norte, y el jirón Tacna y el jirón Sucre, por el Sur. No son ni siete años desde que ha sido remodelada. En el momento en que llegué, hacía poco que se mejoró su estructura. Dos fuentes la adornan, una en el centro y la otra cerca al jirón Sucre. Hay pasto sembrado en los lados y árboles y arbustos que apenas dan sombra. Sillas, barandales, pequeñas gradas, se distribuyen en toda el área; pero lo más llamativo y que resalta a la vista inmediata de los visitantes, es el obelisco que se levanta frente a la municipalidad. En realidad, no sé cuánto mide en altura, pero calculo que será de unos treinta metros, o quizá algo más. También, entre este monumento y el Concejo Provincial, una hilera de banderas de varios países ondean a la brisa; esculturas en granito, arena y cemento, figuras representativas de las costumbres de los pobladores mestizos y nativos de la región, fueron colocadas en la parte oeste entre dos líneas de toldos.
MUNICIPALIDAD PROVINCIAL DE CORONEL PORTILLO, FRENTE A LA PLAZA DE ARMAS DE PUCALLPA. Fecha de la toma: 08-11-2012
Rápidamente pude dar mi punto de vista crítico de todo este espacio urbano: Las zonas para protegerse del sol o la lluvia eran mínimas, había más zonas vaciadas de concreto que sitios donde sombrearse. En aquel día, a esas horas —como cité anteriormente— la temperatura se mantenía moderada, y al andar por media plaza no acosaba el calor que obligaba a transpirar con vehemencia. Sin embargo, esta sensación la experimentaría en los siguientes días. Que Dios se apiade de los que tienen que cruzar la plaza de Armas de Pucallpa al mediodía cuando el sol arrecia y no hay ninguna nube que lo cubra. Por supuesto, más cemento, más calor, pues éste suele acumular la calentura de los rayos solares, así como la arena del desierto. En conclusión, la plaza de Armas de Pucallpa es un verdadero hervidero cuando el sol se ubica en el cenit, y no porque hay una muchedumbre, sino porque la sensación térmica sobrepasa los 50 grados Celsius. Y no estoy exagerando. Cuestión de que uno mismo lo compruebe.
CATEDRAL DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN EN PLAZA DE ARMAS DE PUCALLPA. Fecha de la toma: 08-11-2012
Si quería orientarme mejor, tendría que conseguir información turística de Pucallpa, además de un mapa para no perderme mientras caminaba por las calles. En estos casos, la solución más inmediata la obtendría en el Concejo Municipal, o ayuntamiento, como lo llaman en otros países. Éste se encontraba en frente de mí, a la izquierda de la Catedral de la Inmaculada Concepción, el templo católico de mayores dimensiones de la Tierra Colorada. Tanto la Municipalidad Provincial de Coronel Portillo como esta “Casa de Dios”, ocupaban, cada una, casi la mitad de una manzana, pues, a espaldas, se ubicaban la Corte Superior de Justicia de Ucayali y una gran cochera.
Mientras ascendía por las escalinatas de la municipalidad, me percaté que, justo a un lado del portón principal de vidrio, un jovencito ofrecía unos folletos detrás de un módulo de recepción. Al trote, me acerqué. A parte del chofer del miniván, él fue la primera persona con quien conversé al llegar a Pucallpa; lo cual bastó alrededor de tres minutos para escuchar todo su discurso de guía turística y, de paso, hacerme entrega de un mapa y un tríptico, donde me informaba de lo necesario de la ciudad de Pucallpa y los distritos cercanos. Con un fuerte apretón de manos y un sincero “gracias”, me despedí del muchacho.
Ya eran más de las tres de la tarde y fui notando que había más gente en el centro. Con el mapa en mano, marché por el jirón Tacna. En aquel tiempo aún no habían construido el boulevard, que iniciaba en la plaza de Armas y acababa en el malecón Grau, haciendo un total de cuatro cuadras. En el año 2012, esta calle era para conductores y no, como desde la segunda mitad del 2013, para peatones exclusivamente. Así que avancé hasta la siguiente esquina, hasta la avenida San Martín, y me detuve frente a un edificio de ocho pisos, el Hotel Casino Río, al cual ya lo había visto desde la plaza; pues, resaltaba del resto, ya que, en Pucallpa, como en la mayoría de las ciudades de la selva peruana, no se ven construcciones muy altas, siendo el promedio las de tres plantas en cualquier locación de la zona urbanística.
FRENTE AL HOTEL CASINO RÍO, PUCALLPA. Fecha de la toma: 06-11-2012
Luego de concentrar la mirada en la edificación, la giré hacia la derecha. En media avenida San Martín, una isla peatonal, con bancos de cemento y áreas verdes a los lados, se extendía de esquina a esquina, y de igual forma en las cuadras que seguían a la izquierda, otras islas idénticas. Más adelante tendría conocimiento que los carriles de la avenida San Martín estaban divididos por camellones desde la primera a la quinta cuadra, siendo esta última la que quedaba a mi derecha.
Por alguna extraña razón que ignoraba en ese momento, no me movía de dicho lugar. Detrás de un puesto de venta de periódicos, entre la cuadra cuatro y cinco de la avenida San Martín, este fiel narrador permanecía inmóvil se podría decir, con la vista fija hacia unos locales, todos pequeños (casi del mismo tamaño) y contiguos desde el otro extremo de la cuadra hasta en frente de mí, al otro lado de la calle. La mitad más alejada de este grupo de comercios se dedicaba a la venta de prendas de vestir y la más cercana a un rubro bastante particular; pero de eso trataré después, sin embargo, les adelanto que observé a muchos digitadores.
Respiré hondo y removí mi mochila en busca de un bocadillo. Dos rosquillas de almidón, pasadas con unos sorbos de refresco, fueron suficientes para compensar a mi estómago. Tras eso, crucé la calle y continué directo, hacia el malecón Grau, según leía en el mapa. Dos locales más, dedicados al curioso rubro, funcionaban desde la esquina, cruce de la avenida San Martín con el jirón Tacna. Había leído un letrero de mi interés. No pensé que se daría tan rápido. Pero sólo restaban tres cuadras para llegar a uno de los ríos más importantes del Perú; y eso no podía esperar. Y es que el Ucayali es uno de los grandes contribuyentes del Amazonas, con una longitud de 1,771 kilómetros y con una superficie de 337,519 kilómetros cuadrados.
Tenía pensado dar media vuelta luego de que mis ojos vieran por primera vez a esta majestuosa corriente de agua. Una sensación se apoderaba a cada paso. Fui sintiendo algo que pocas veces tuve la complacencia. Un sentimiento grandioso se henchía en mi pecho. Y tal y como lo grita el personaje de “William Wallace” en la película “Corazón Valiente”: ¡LIBERTAD…! Sí, libertad, eso es lo que sentía. Como un pájaro que olvidaron cerrarle su jaula y se había escapado a volar hacia un mejor lugar, a un lugar donde al fin pueda extender sus alas y disfrutar la auténtica libertad, donde no hay barrotes que le impidan explorar lo que hay allá afuera. Ahora, realmente, podía hacer lo que se me antojara. Empezar de nuevo. Iniciar una nueva vida en una ciudad extraña con personas a quienes aún estoy por conocer. Un formateo total de mi entorno, en el cual las decisiones que iría tomando, forjarían mi futuro lejos de la familia y amigos que dejé atrás. En esos instantes, mientras más me acercaba al río Ucayali, me sentía más esperanzado que nunca. Todo me era nuevo, quizás no muy diferente como en Tarapoto, pero todo lo que veía era ajeno, ni siquiera visto en fotos que recordara. Pues jamás me había interesado por Pucallpa, jamás hasta que me desperté ese día en el cuartucho de un hospedaje en Tingo María. Pero todavía no lo tuve claro hasta las ocho y media de la mañana, hora en la que di por sentado mi partida a la Tierra Colorada.
Avisté al Ucayali cuadra y media antes de llegar a sus orillas, entre el jirón Raymondi y el jirón Coronel Portillo, en tanto pasaba por una galería de nombre “May Ushin”. Y he aquí un dato importante: Pucallpa de no llamarse como tal, podría también denominarse “Mayushin” o “May Ushin”, que en el idioma shipibo significa Tierra Colorada”, así como “Puka Allpa” en quechua se traduce a lo mismo. De ahí la derivación. A opinión propia, suena mucho mejor Pucallpa; no le encuentro el gusto a Mayushin. Me late más como a apellido oriental.
Era una tarde tranquila en el centro. El río se fue haciendo cada vez más ancho mientras cubría los pocos metros que faltaban. Media cuadra y el Ucayali se convirtió en el río más grande que había visto en mi vida. Hasta que por fin llegué al jirón 9 de Diciembre, la última calle antes de arribar a este afluente del Amazonas. Del otro lado, el puerto o malecón Miguel Grau se emplazaba desde los cruces finales del jirón Ucayali con el jirón Huáscar. Allí sí me toqué con un conglomerado de gente, la mayoría de rasgos típicos del peruano de la selva, del selvático oriundo, de sangre legítima. Y, entre ellos, noté que también había nativos de la región Sierra. Como pude ser testigo, aquí, en este malecón, la raza predominante es del “cholo peruano”, el peruano “de pura cepa”, el que es “chamba” (trabajador), el quien es capaz de “romperse el lomo” por llevar un pan a su mesa. Y así como abundaba el “charapa” y serrano afanoso, también había una infesta de mendigos y facinerosos por doquier; y, por supuesto, para completar el cuadro, los borrachos y prostitutas se hacían ver de acá para allá.
ESTATUA DEL HÉROE EN EL MALECÓN GRAU DE PUCALLPA. Fecha de la toma: Inicios del 2014
A mi derecha, sobre un pilar de concreto, la estatua del almirante de la Marina de Guerra del Perú, Miguel María Grau Seminario, se lucía esplendorosa, hecha de un metal bien pulido. Apuntaba hacia el río Ucayali, como si siguiera su curso con el dedo índice. Con la mano izquierda, sujetaba su gorra de marinero. Grau fue un héroe que defendió al Perú en la Guerra del Pacífico, durante un combate naval en la guerra con Chile el 8 de octubre 1879. Este mártir de la patria es homenajeado en cada rincón del territorio peruano. E incluso se han llegado a producir algunas miniseries y reportajes en su honor. Sin duda, un héroe que todos mis compatriotas reverenciamos, y no en vano, pues, se ha ganado el apelativo de “Caballero de los Mares”. El río Ucayali no es un océano, pero es una gran masa de agua en la que navegan toda clase de embarcaciones, desde canoas que trasportan racimos de plátanos hasta lanchas de gran capacidad para pasajeros. Éstas trazan rutas al departamento vecino, Loreto, donde finalmente se desemboca en el río Amazonas, el más largo y caudaloso del mundo, conteniendo más agua que el Nilo, el Yangtsé y el Misisipi juntos, y que supone cerca de una quinta parte del agua dulce en estado líquido del planeta. Lástima que hasta la fecha aún no he estado en el impresionante Amazonas.

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Haciendo una pausa a la narración sobre Pucallpa, hoy trataré sobre dos posts que publiqué hace unos años en el portal Libro de Arena. Ambos están bajo el nombre de J.E. Rodríguez.

VIAJES EN EL TIEMPO
Publicado el 01 diciembre 2007  
La mayoría de los lectores encuentran las respuestas a sus preguntas en los libros; aunque muchos, pese a que tienen conocimientos enciclopédicos o pilares de información recogida, dicen no estar totalmente seguros y la duda continúa siendo su compañera hasta el fin de sus días. Yo, puedo decir, que pertenezco al tipo de la minoría.
Así que en esta ocasión me tomaré el tiempo de escribir de los Viajes en el Tiempo, tomado sólo como referencia a los libros Caballos de Troya del escritor y periodista español J.J. Benítez.
Viajes en el Tiempo
Un elemento clave para viajar en el tiempo, ya sea al pasado o al futuro, es el swivel, que en español significa eslabón. "Las partículas elementales que conforman la materia no son otra cosa que diferentes cadenas de swivel, cada uno de ellos orientado en una forma peculiar respecto a los demás", dice Benítez en el primer libro de la saga, Jerusalén.
Se dice que un swivel tiene la propiedad de cambiar la posición u orientación de sus ángulos "ejes", transformándose así en un swivel diferente.
La fuente recogida por Benítez afirma que en 1960 se descubrió la forma de invertir la posición de esos hipotéticos ejes de las entidades elementales. Con esto los científicos no tardarían en enviar misiones al pasado y al futuro. Después de muchas pruebas por fin pudieron trasladar objetos a diferentes espacios y tiempos. Se vio además la posibilidad de conocer físicamente otros universos: un "más allá" o un "otro lado".
Existe una cuarta dimensión que es el tiempo, que llega hasta nuestros órganos sensoriales como una especie de «fluir». Según la fuente del autor, los swivels son el tiempo mismo, pues no sufren el paso del "tiempo".
En "Jerusalén" los protagonistas de la "historia", Jason y Eliseo, viajan al pasado, específicamente al año 30 y 25 a la Palestina de Cristo. Este par de científicos son parte de una operación secreta americana denominada Caballo de Troya. La máquina del tiempo fue bautizada con el nombre de "Cuna", y, servidos de una serie de artilugios tecnológicos avanzadísimos, se ocupan de la Misión más importante de la Historia, conocer a fondo la vida del Maestro.
Todo lo que narra en sus páginas el controvertido escritor pamplonés lo deja a criterio de sus lectores. Uno decide si creer, no creer o dudar. Lo que no se sabe es hasta qué punto llega a superar la realidad a la ficción.
Como dijo el Maestro: "El que tenga oídos, que oiga".

Recopilado de: Viajes en el Tiempo

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EL QUE ESCRIBE COMO NINGÚN MORTAL
Publicado el 25 noviembre 2007
A pesar de que el Perú es uno de los países al que más se ha referido en sus libros, J.J. Benítez, de sobrenombre Juanjo, no es muy popular en esta tierra en donde antes vivieron los Incas, mis antepasados.
El escritor y periodista, natural de Pamplona (España), es más conocido por científicos y ufólogos del medio. Sin embargo, a nivel mundial es considerado el escritor más controversial de todos los tiempos.
Después de muchos años de dedicarse a investigar el fenómeno OVNI, entre otros misterios, y continuamente ir publicándolo en libros y artículos, desde 1984 se dedicó a escribir la más increíble saga que hasta ahora se haya leído, Caballo de Troya.
Swivel
Al año siguiente terminará de escribir el noveno y último libro de la discutida serie.
Antes jamás un mortal se atrevió a narrar la vida de Jesucristo desde el punto de vista de un periodista. Desde Jerusalén, el primer libro de Caballo de Troya, Benítez ha dejado bien en claro que lo que se lee en sus páginas es fruto de una investigación concienzuda sacada de montones de fuentes, de las cuales "una" es la que más le ayudó en su narración.
En más de una ocasión, a este "iluminado" escritor se le ha oído manifestar lo siguiente: "Quiero que la gente piense, dude... Me aterrorizan aquellos que creen tener la verdad. Yo invito a la gente a dudar de todo".


Una frase que encabeza mi espacio web en dicho portal, reza: “Las oportunidades que nos da la Providencia son infinitas como el profundo Amor que nos tiene”.

Notas:
Al transcribir el contenido, no he modificado ni una coma, todo está publicado tal y como lo puse en las fechas señaladas.
En futuros posts, abordaré el tema de viajes en el tiempo con mucha más profundidad, abriendo paso a la crítica y al análisis.
Los posts publicados en el Portal Libro de Arena, como se lee en las fechas, son de hace una década; y desde aquel tiempo, no he vuelto a seguir publicando en dicho sitio.
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