La caza es una actividad que los nativos de Lamas practican de forma temporal, aunque en tiempos remotos, en la época en que el pueblo recién se fue asentando, se realizaba a diario. La razón de esta menor frecuencia es debida al progreso de la urbanización: ahora el indio lamisto, para evitarse el muchas veces arduo trabajo de buscar su comida en el “monte”, sale al mercado o a la feria del mismo poblado o de la ciudad a comprar sus alimentos. Pero cuando es momento de la caza, tanto antaño como en la actualidad, no solamente persiguen a los animales con el fin de matar para comerlos, sino para extraerles la piel o disecarlos. Tal es el caso del tigrillo u ocelote (Leopardus pardalis). Hay algunos artesanos que los disecan hasta darle la forma del felino cuando estaba vivo y otros que sólo les sacan el pelaje, todo con el propósito de tenerlo como adorno, colección, venderlo, o, fabricar carteras, alfombras y demás cosas. Ya sé que la mayoría estará pensando que esto es una salvajada que atenta contra la fauna silvestre; pero, no seamos hipócritas juzgando los actos de personas con un nivel civilizado, supuestamente, menor que el nuestro, pues cuando hay gente que ha nacido en las metrópolis y tienen como una de sus varias aficiones, la caza deportiva, en donde se mata a los pobres animales más por placer que por necesidad. Por ende, es muy justificable la actividad que llevan a cabo los indígenas del barrio Huayco de Lamas, confiando a ciegas que la crueldad no es parte de su mentalidad.
Está claro que casi el 100% de las artesanías que elaboran los lamistos lo hacen con materiales extraídos de la propia naturaleza. Eso es lo que me aseguré al escuchar la respuesta de unas nativas que ingresaron a la tienda artesanal, al parecer únicamente a ver. Aún no salían a atender. Nadie siquiera intentó llamar. Pero, mientras me conversaban las señoras, empleando un tosco español, llegó un saludo a mis espaldas. Una joven de rasgos étnicos nos daba la bienvenida al local. Luego averiguó si deseábamos comprar algo. Ninguno de los presentes dijimos que sí. Las mujeres contestaron en quechua, frases que no alcancé a comprender. Yo dije que si sólo requería de una explicación, la llamaría. Tras esto la atendedora fue a sentarse, con los brazos apoyados en el recibidor. En cuanto a mí, volví a fotografiar las artesanías de la tienda, la que más o menos tenía unas dimensiones de 4 x 10 metros.
Las carteritas de coco son una labor muy ingeniosa en Lamas. Para confeccionar estas manualidades, se parte desde la pelada del fruto de la palmera (exocarpio y mesocarpio), dejando la primera cáscara (endocarpio y la testa); a continuación se le saca el jugo o agua (se lo bebe obviamente), se retira la pulpa (la masa carnosa blanca), se lo hace secar a los rayos del sol, después se lima la superficie y el interior, se la pinta y barniza; y finalmente se cose un cierre para la tapa y una soguilla para colgar la cartera al hombro. Así que a todas las damas, les digo que su dinero estará seguro dentro de estas carteras artesanales, difícil que se moje, ensucie, o caiga por debajo… Los otros complementos indumentarios que los lamistos artesanos fabrican para las féminas, en gran número, son los collares, pulseras y aretes. Los elementos utilizados son las semillas de muchas plantas de la zona, aunque a veces usan materiales de plástico y metal que los confeccionistas adquieren en las mercerías y pasamanerías del centro de Lamas, de Tarapoto o de las ciudades cercanas. La semilla de preferencia es el huayruro, de color rojo y negro, con forma ovalada. Y es que se trata de un excelente amuleto para mejorar la economía del quien lo porta o tiene de adorno. Es por eso que muchos peruanos supersticiosos, tienen un huayruro dentro del monedero (sencillero) o la billetera, al igual que una pieza artesanal con la semilla como parte de ésta. Por lo tanto, los caparazones de caracol o Congompe (Megalobulimus maximus) pegados unos a otros que observan en la cuarta imagen, también vendrían a constituir un amuleto, que es perfecto para ponerlo sobre la mesa de centro o el separador de ambiente. Pero hay un detalle: Existe gente quien cree que los gasterópodos en casa traen mala suerte. No obstante, dedíquense a ver un poco más la foto y saquen sus propias conclusiones. No en vano los artesanos adhirieron los huayruros.
Ahora paso de nuevo a las pieles disecadas. Otro animal al que los nativos suelen extraerles la piel es el sajino o pecarí (Tayassu tajacu). Es un puerco salvaje que habita en sabanas y bosques, desde el sur de los Estados Unidos hasta la Argentina. Todo su cuerpo está cubierto de cerdas negro-castañas, con una mancha blanca alrededor del cuello, parecido a un collarín. La carne de este escurridizo mamífero, así como la de su pariente la huangana, expele un olor desagradable, puesto que, ambos, tienen una cavidad glandular en el lomo que secreta almizcle. De los dos, la huangana apesta más, tanto que es difícil aproximársela sin la nariz tapada. Las pieles que pueden apreciar en la quinta fotografía son fácilmente identificables: por la línea blanca en torno al cuello y por su suave hedor (que recuerdo percibí) es claro que son las de sajino.
Los espejos artesanales con motivos selváticos, como el del par de guacamayos, se encuentran entre los objetos más vendidos. Los tallados en madera que aquí realizan los indígenas amazónicos son minuciosos, y más aún cuando se trata de plumíferos. En la séptima imagen, por ejemplo, se observan, aunque algo pequeño, cuatro tipos de artesanías. Dos de éstas son trabajos de tallado: la de los monos y la de los cachorrito de alguna especie de felino americano. Sobre los simios ya hablé en el anterior artículo o parte. Ahora les explico que las crías de fiera, que mucho se parecen a lagartijas o salamandras, son esculpidas en madera, posiblemente topa. No se preocupen si padecen en distinguirlas, pues al finalizar la narración de mi recorrido por el barrio Huayco de Lamas, habilitaré un link para que visualicen las imágenes en alta resolución. Las demás artesanías resultan ser unas tinajas barnizadas y unos potes con alimentos (una simbolización del trueque). Todas las tinajas que están viendo durante este post, son de las que sirven exclusivamente de adorno, y no para llenarlas de bebida o comida. Lo último que muestro son unos ceniceros poco convencionales, dado que son de resina Epoxi o vidrio líquido, con semillas de huayruro en derredor y una tarántula en medio. En la esquina superior izquierda, notarán unos llaveritos de madera en forma de tortugas.

Continuará...

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