25 abril 2020

Publicado abril 25, 2020 por con 0 comentarios

Cuando el miedo es vencido por la necesidad


Vivimos días cada vez más infaustos. Ya a la fecha, alrededor de uno de cada mil trescientos peruanos está infectado con el COVID-19, ya que al iniciar la tarde los medios de prensa informaron que hemos alcanzado la cifra de 25,331 casos.

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Se ve que mucha gente que anteriormente salía a las calles sin acatar la cuarentena, ahora ya no lo hace, excepto para la compra de alimentos o medicina. Se respira temor en la población. Muchos se están muriendo de hambre en sus hogares esperando una ayuda que nunca llega. Los medios más usados para lanzar su grito al cielo son las redes sociales y la TV, al menos para los que tienen acceso a Internet o son entrevistados por un intrépido comunicador social; los más desfavorecidos viven alejados en los pueblos más recónditos del territorio, que a veces ni la prensa es capaz de llegar.
De toda esta población vulnerable, no deja de sorprendernos ver que muchas personas salen a las calles, no por negligencia ni por desacato, sino por necesidad.

Llena de consternación toparnos con ambulantes sentados a un lado de la vereda o andando sin parar calle tras calle, sudando la gota gorda a pleno sol de verano. Dejan a un lado su temor por enfermarse y se buscan las monedas para llevarse el pan a la boca; no importa si así ganen solo cinco o diez en todo un día de duro trabajo, con tal que les alcance para comer aunque sea una vez al día o veces nada por salvar del hambre a sus hijos.

El negocio de la venta ambulatoria ha caído en picado desde que se decretó la cuarentena. Pocos se arriesgan a comprar un chicle o una galleta en las calles. Prefieren acogerse en la "vieja confiable" del arroz con huevo frito y evitarse de cualquier clase de golosina.

Los clásicos antojos que nos dábamos a diario han quedado en el pasado. La tía golosinera y el señor chiclero a los que siempre acudíamos hasta por un cigarrillo, se han convertido en los nuevos marginados de la sociedad.

¡Qué culpa tienen ellos! Viven el día a día y no podemos hacer nada por mandarles a casa, si es que la tienen.

En los países desarrollados esta problemática es inexistente. Países como Suecia son un claro ejemplo. Allí no hay población en extrema pobreza. Las personas tienen con qué abastecerse sin trabajar porque tienen recursos ahorrados o medios para obtenerlos.

La logística de aprovisionamiento de alimentos en el Perú da mucho que desear. Las autoridades estatales, regionales y locales se encuentran desarticuladas, sumando al problema la falta de personal voluntario en cada entidad edil. Tampoco hasta el momento millones de familias se han podido beneficiar del bono prometido por el Estado.

En conclusión, la gente sale a las calles más por necesidad que por negligencia. El ahorro no se da en personas en condiciones de extrema pobreza, para ellos es imposible porque si dejan de trabajar un solo día se podrían quedar sin comer, no les sobra.
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