11 agosto 2021

Publicado agosto 11, 2021 por con 0 comentarios

Cacatachi y Rumisapa, cerca de Tarapoto (Perú) – Trail Running con Tarapoto Run Club (Ruta por Pacchilla y Chirapa)

 

Cacatachi es un distrito de la provincia de San Martín [Mapa], dentro del departamento de San Martín [Mapa], cuya población concentrada se localiza a doce kilómetros al noroeste de Tarapoto. Y es precisamente allí donde el equipo de corredores de Tarapoto Run Club se reuniría para realizar un entrenamiento de trail running, por un camino que se dirige a los centros poblados de Pacchilla y Chirapa, los cuales pertenecen a otro distrito, Rumisapa, y este a su vez a otra provincia, Lamas [Mapa]. Remarco que el departamento de San Martín, cuenta con diez provincias, dentro de éstas se encuentran San Martín y Lamas. En un post anterior (Lamas (Perú): Óvalo de la Yanasa, Plaza, Castillo, Mirador – Running con Tarapoto Run Club) hice una pequeña mención al pueblo de Cacatachi, que fue también de donde empezamos nuestra práctica deportiva. Pero, en esta oportunidad, el punto de partida sería en la casa de campo de nuestro amigo Danny Amasifuén, ubicada a un kilómetro cuesta arriba de Cacatachi.

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Era 11 de julio de 2021, un domingo sombrío. Cinco del team nos reunimos en la plaza de Armas de Cacatachi; en la toma de arriba, de izquierda a derecha, estamos Jim Hans, Miguel Marquez, Josy Hidalgo, Lilia Pedemonte, y su fiel servidor, por supuesto. Debajo, sólo salgo con Jim y Miguel. Danny nos esperaba en su casa, y, tras la sesión de fotos, nos apuramos en llegar, todos distribuidos en tres motocicletas.

Miguel y yo fuimos los encargados de comprar los ingredientes para preparar ceviche una vez diéramos por finalizado nuestro trail. Dejamos todo eso en la cocina de Danny para que mientras tanto su esposa avanzara algo, porque Miguel es quien en realidad sería el maestro de este delicioso plato bandera. En la toma siguiente, pueden observar los alrededores de la casa de campo de Danny, ésta fue tomada cuando acabamos la corrida, cuando el día se puso soleado y cálido.

Partimos a las 8:07 a.m. luego de calentar por diez minutos. Josy no corrió esa vez, y se quedó acompañando a la esposa y al hijo de Danny, ambos —podrán ver— son los de la izquierda de la foto de abajo, la señora de jeans azules y obviamente el niño junto a su padre, el propio Danny.

Desde el inicio corrimos en ascenso. Trotamos para ser exacto, pues la trocha carrozable que elegimos para el trail running yacía atestada de baches, piedras sueltas, pronunciados surcos, y, como cereza del pastel, había barro en ciertas partes. Las lluvias de medianos de año, como la mayoría las de la selva, se desataban sin previo aviso, resultando de este modo los caminos rurales y las márgenes de los ríos los más afectados. Según Danny, si una tormenta persistía por horas, el camino se convertía en una catarata de barro que era muy dificultoso subirlo a pie y a veces imposible con algún vehículo.

Ascenderíamos ocho kilómetros hasta el estadio del pueblo de Chirapa, daríamos una vuelta a la cancha, y regresaríamos por el mismo camino al punto de partida, que ahora sería nuestra meta. Sumaban más de setenta metros de desnivel positivo por cada kilómetro ganado hasta el punto de retorno, un fuerte ejercicio para fijar mejor las pantorrillas, y de paso los glúteos.

—¡Vamos! —resoplé—. Luego de esto nos veremos más nalgones. Ya tendrán de donde agarrar sus parejas.

Rieron la broma. Danny iba delante filmando de rato en rato. Yo segundo. Jim, Miguel y Lilia eran los siguientes. Todo el tiempo sonábamos agitados, unos más que otros. Miguel y Danny disponían de una mejor capacidad pulmonar, por lo que una vez con el cuerpo ya caliente, empezaron a acelerar, dejándonos a Jim, Lilia y a mí a partir del kilómetro dos más o menos. Cada vez que volteaba, los veía más atrás, y, cuando avancé a poco más del kilómetro tres, les perdí de vista, aunque sólo quizás venían a dos curvas más abajo.

Mientras fui llegando al centro poblado de Pacchilla, por aproximadamente el kilómetro cinco, cayó una refrescante llovizna. ¡Wow! Magnífico. Volví a correr con el agua cayendo del cielo. Si amas el running, sabrás cómo me sentí en esos momentos. Lo único que sí no deseaba, era que el camino se convirtiera en la catarata de barro que dijo Danny. Aunque eso no sucedió, felizmente. Apenas se trató de una inofensiva lluvia, que después trajo una tímida neblina a la altura del kilómetro 6.300, de acuerdo con mi app que volví a consultar con el celular cubierto por una bolsa plástica.

Comencé a sentir la típica pesadez de cuando corres mucho tiempo en subida. Esta sensación para otros aparecerá luego de más distancia recorrida o también puede ser menos, ello según las capacidades y resistencia que se tiene trepando cerros. Un dolor, no excesivo, se manifestó en mis piernas y cadera durante mi ingreso al pueblo de Chirapa, con tramos muy pedregosos y un tanto lodosos, porque pareció que la llovizna zarandeara la superficie e impedía que se secara más la tierra.

Desde que salimos, había coincidido con pocos vehículos, entre estos motocarros, motos y camionetas. Encontré a Miguel y Danny bajando a toda velocidad, unos metros antes de entrar a Chirapa. Un par de gacelas que no temían resbalarse, por eso siempre les guardaré admiración y respeto.

—¡Vamos, Koko! ¡Tú puedes! —exclamó Miguel.

—¡Ya estás cerquita, compañero! —expresó Danny—. ¡Hoy estás subiendo más rápido que la vez pasada!

Así era. El 13 de diciembre del 2020 fue la vez anterior, la primera, que recorrí dicha ruta, completando también mis primeros 16K. Como celebrar el cumpleaños de Danny, programamos un trail entre los amigos de Tarapoto Run Club. Tras realizar mi comparación con el primer trail al término del segundo, pude ver que lo hice en doce minutos menos. Un gran avance.

Hasta llegar al estadio de Chirapa, la llovizna calmó un poco. Pasé de los 300 a 900 m.s.n.m. en una hora y cuarto, y solamente valiéndome de mis piernas. El gras de la cancha estaba mojado y con barro en el extremo norte. Me saqué unas fotos y video, para enseguida retornar a la casa de Danny, no sin antes comprarme una bebida rehidratante en una bodega del pueblo que vi mientras subía.

Bajé despacio. No tenía las rodillas ni las piernas de Miguel y Danny. En la bodega compré una botella con agua que la bebí hasta secarla ahí mismo, luego pedí un Sporade, que, según la vendedora, era el penúltimo. Esta bebida la iría tomando durante el trote de regreso, pero primero esperé que bajara el agua por diez minutos para que mi estómago se deshinchara un poco.

Cuando había trotado dos cuadras, me topé con un cansado Jim que subía caminando. Me preguntó que “cuánto faltaba para el estadio”. Le indiqué y le conté de la bodega donde me hidraté. Dos cuadras más abajo, me crucé con Lilia. Ella sí corría, pero muy lento. Y es que la trepada no casi da tregua con tramos horizontales. Mi admiración para la mujer que asciende por acá. A ella también le respondí cuando me preguntó lo mismo que Jim. “Les espero abajo”, les había dicho a ambos.

La precipitación cesó durante el descenso hasta que el cielo se fue despejando hasta verse azul nuevamente. Recibí palabras de aliento de algunos pobladores de Chirapa y Pacchilla, más durante el descenso que en el ascenso, pues porque a la vuelta la mejora del día hizo que la gente saliera de sus casas y/o chacras. La disminución de la humedad ayudó a que la tierra se secara más rápido, sin embargo, aún tendría que tener cuidado de pisar firme.

Fue una bajada sin novedades, nada más que con los clásicos dolores de músculos. La primera mitad cogí el mismo ritmo que durante la subida a un inicio, luego le metí algo más de velocidad, pero no tanto, porque las rodillas y los gemelos me punzaban más que cualquier otra área del cuerpo.

El registro del trail running de 16K pueden verlo sobre este párrafo. Habíamos recorrido los cerros del distrito de Cacatachi y Rumisapa, en las provincias de San Martín y Lamas, respectivamente. A mi llegada a la casa de campo de Danny no encontré a nadie más que a su suegro cultivando la maleza. Me dijo que estaban al fondo, en la cocina comedor, preparando el ceviche. Tomé aire antes de entrar y me di unos ligeros masajes.

Dentro estaban Miguel, dirigiendo la preparación, Josy y la mujer de Danny pelando las yucas, el anfitrión cortando los camotes, y los gatos comiendo las espinas de los pescados. Todos me felicitaron y me ofrecieron limonada de la jarra. Jim y Lilia llegaron quince minutos después. Como entrada del ceviche, Miguel hizo chilcano agregando fideos. Todo fue una delicia. Sólo Jim no disfrutó del desayuno-almuerzo porque tuvo que regresar a una reunión familiar. En reemplazo de él, apareció mi hermano montado en su bicicleta. ¡Ganador con el cevichón! Entre líneas subí foto de los manjares con los que recuperamos calorías.

De paso, animo a los interesados por el running y trail running a formar parte de nuestro equipo, por favor contactarse con nosotros a través de nuestra página en Facebook: Tarapoto Run Club.

Y, aquí el video del trail:

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